El tradicional Apagón de Radio Tarqui
Escúchelo el 31 de diciembre por
Radio Pichincha Universal 95.3 FM y
Onda Azul 101.3 FM

Los DIEZ MINUTOS que cambian vidas

 Esa voz fuerte que, a medida que se acercan las doce se hace temblorosa; ese llanto intenso que se vuelve contagioso al pasar los segundos y las plegarias que cientos, miles de aparatos radiofónicos reproducen cada 31 de diciembre, dejaron, además de una tradición que continúa, una profunda huella en la vida de toda una ciudad.

 El Apagón de fin de año de Radio Tarqui se convirtió en una parte importante de la cultura popular quiteña. Pasó de ser una especie de experimento improvisado y se fue instalando poco a poco, hasta convertirse en una cábala de la que no se puede prescindir.

 En él convergen, de un modo sublime, las miradas de los momentos políticos y sociales que se suceden durante el año, con mensajes positivos, buenos augurios y una explosión de emociones, tan auténticas, tan sentidas, que a más de uno le habrán erizado la piel en los diez minutos, calculados a milímetro y en el que cada palabra, cada frase, está en perfecta sintonía con el caminar de los segundos.

  ¿Cómo diez minutos son capaces de incrustarse en la memoria de tantas personas? La única respuesta que encuentro es a través del amor. Porque en esos momentos finales del año no existe el resentimiento, el odio se desvanece y las emociones positivas quedan a flor de piel. Si eso se encuentra acompañado de un relato estremecedor que moldea y llena de poesía el pensamiento colectivo, tendremos un hito cultural que será capaz de trascender generaciones y todo tipo de diferencias individuales.

 No todos los comunicadores tienen la capacidad de conmover y mucho menos de construir un puente de proximidad entre su voz y el público. Para alcanzar eso se necesita algo que no se encuentra en los textos universitarios: la creatividad. Y si esa creatividad viene teñida de una profunda comprensión de la esencia de lo humano y del intenso deseo de compartir esa sabiduría. El resultado, una caricia al alma y la sensación de vivir un momento irrepetible. Esto fue lo que logró Gustavo Herdoíza con El Apagón.

Por Lorena Cevallos Herdoíza